#LaHoraHistorica

Hay fechas que no se archivan. No por costumbre, sino por conciencia. El 18 de noviembre de 1961 no es solo una efeméride: es un umbral entre el miedo y la dignidad, entre la violencia sistemática y el despertar de una nación que aprendía a nombrar la libertad.

Ese día, en la Hacienda María de Nigua, la dictadura trujillista, ya en agonía, ejecutó uno de sus actos más brutales: la masacre de seis jóvenes comprometidos con la causa democrática. Pedro Livio Cedeño, Roberto Pastoriza, Huascar Tejeda, Tunti Sánchez Michel, Modesto Díaz y Salvador Estrella Sadhalá no fueron víctimas anónimas. Fueron símbolos de una generación que eligió la dignidad como respuesta al terror.

La represión no buscaba solo eliminar cuerpos: pretendía borrar ideas, silenciar voluntades, perpetuar el miedo. Pero en ese amanecer ensangrentado, lo que nació fue otra cosa: el germen de una memoria activa, incómoda, resistente. Una memoria que no se reduce a homenajes ni a placas, sino que interpela a las instituciones, a la educación, a la cultura política.

Recordar el 18 de noviembre no es un gesto nostálgico. Es un acto de responsabilidad democrática. Porque las democracias no se sostienen únicamente con votos, sino con la memoria de quienes pagaron el precio más alto para que hoy podamos ejercerlos. Y porque el olvido, disfrazado de indiferencia o de rutina, es siempre una forma de complicidad.

A más de seis décadas, el país sigue en deuda con esa generación. No basta con nombrarlos: hay que narrarlos, estudiarlos, integrarlos al relato nacional sin mistificaciones ni silencios. Porque cada uno de ellos representa una historia que merece ser contada con honestidad, como parte de una pedagogía cívica que nos prepare para defender la democracia más allá de las urnas.

El 18 de noviembre es, y debe seguir siendo, una fecha incómoda. No para dividir, sino para recordar que la libertad no se hereda: se conquista, se defiende y se honra. Y que la memoria, sin estridencias, es el mejor antídoto contra las sombras que aún acechan.

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