Por: Anner Victoriano
Hay apellidos que abren puertas, pero también hay apellidos que pesan. Apellidos que llegan antes que la persona, que despiertan expectativas y que obligan, muchas veces sin haberlo pedido, a responder por una historia escrita por otros.
Juan Garrigó Mejía pertenece a una familia cuya presencia en la vida pública dominicana resulta difícil separar de la política. Es hijo de Carolina Mejía y nieto de Hipólito Mejía. Dos referencias que, por razones distintas y desde responsabilidades diferentes, han ocupado espacios importantes en la vida nacional.
Pero estas líneas no están dirigidas al nieto de un expresidente ni al hijo de una dirigente política. Están dirigidas, precisamente, a Juan.
Porque llega un momento en la vida de todo joven proveniente de una familia conocida en que debe decidir qué hará con la herencia recibida. Puede vivir de ella, puede esconderse detrás de ella o puede convertirla en una responsabilidad para construir un nombre propio.
Y esa última es, probablemente, la tarea más difícil.
Juan, haber nacido cerca del poder te permite observar cosas que otros jóvenes dominicanos solamente conocen desde lejos. Permite conocer sus posibilidades, pero también sus contradicciones. Permite entender cómo se toman decisiones, cómo se construyen consensos y cómo una acción pública puede afectar la vida cotidiana de miles de personas.
La política dominicana necesita jóvenes, pero no simplemente porque sean jóvenes. La juventud por sí sola no constituye una virtud política. Necesitamos una generación que llegue con preparación, sensibilidad social, capacidad para disentir y suficiente independencia para reconocer tanto los aciertos como los errores de quienes estuvieron antes.
Después de seis años como viceministro de Gestión Social y Comunitaria del Ministerio Administrativo de la Presidencia, renunciaste a tu posición en el Gobierno para dedicarteplenamente a tu nueva responsabilidad como secretario general del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Podíasconservar una posición dentro del aparato gubernamental. Podías intentar convivir con esas dos responsabilidades, pero elegiste desprenderte de una cuota de poder para concentrarse en el nuevo reto.

Y ese gesto merece toda nuestra atención y respeto.
Hay una ventaja y una dificultad en recibir una responsabilidad importante siendo joven.
La ventaja es tener tiempo para construir. La dificultad es que todos estarán mirando.
Algunos verán en cada éxito la influencia de tu familia.
Otros encontrarán en cada error una confirmación de sus prejuicios.
No puedes controlar ninguna de esas dos cosas. Lo que sí puedes controlar es tu trabajo.
No te detengas ni hagas caso.
Recorre el país.
Escucha.
Abre puertas.
Incorpora a jóvenes.
Acercarte a dirigentes que no pertenecen a tu círculo.
Tu reto fundamental es seguir conservando la Secretaría General como un espacio institucional y legitimo no simplemente político. Demostrar que el desprendimiento que comenzaste al abandonar una posición gubernamental no fue un gesto circunstancial, sino una manera de entender el servicio.
Y quizá tu mayor éxito no sea que dentro de algunos años los dominicanos sigan diciendo que eres el hijo de Carolina y el nieto de Hipólito. Quizá el verdadero éxito llegue cuando, al hablar de ti, ya no necesiten explicar de quién eres hijo ni de quién eres nieto.
Simplemente digan:
Juan Garrigó Mejía.
Con afecto,
El escritor