LaHoraDelCriterio |Comprender mejor para decidir mejor.

Por: Geisy Peña Turbí

Cuanto más fácil se vuelve parecer competente sobre el papel, más valiosa resulta una señal que ningún currículum puede fabricar por sí solo, y es que alguien pueda decir “yo he visto cómo trabaja”.

La tecnología permite presentar mejor una trayectoria, adaptar candidaturas y ordenar credenciales, pero ninguna herramienta puede sustituir completamente la confianza que produce una experiencia compartida, un resultado observado o una reputación construida en el tiempo.

Ahí aparece una ventaja profesional de la que hablamos menos de lo que deberíamos. No son simplemente los contactos o redes profesionales. Es la capacidad de conseguir que otras personas conozcan suficientemente nuestro trabajo como para recordarlo, explicarlo y, llegado el momento, respaldarlo.

Porque una recomendación seria no dice “la conozco”, dice “sé cómo responde”, y esa diferencia es importante.

Una trayectoria profesional acumula, en realidad, varios tipos de capital. Está la capacidad, que lo que sabemos hacer; la evidencia, que es aquello que permite demostrarlo; luego están las relaciones, que son quienes han podido observarlo, y finalmente está la reputación, que es lo que otros esperan de nosotros antes de que tengamos que volver a empezar desde cero. El problema es que esos cuatro elementos no siempre avanzan juntos.

Hay personas muy preparadas que todavía no han recibido una primera oportunidad. Jóvenes a quienes se exige experiencia antes de permitirles adquirirla, profesionales que cambian de sector o personas migrantes cuya trayectoria pierde legibilidad en un mercado nuevo. Y a ellas no podemos exigirles una reputación profesional que aún no han tenido ocasión de construir. Su problema principal puede ser de acceso.

Pero también existe otra invisibilidad, la de quien sí tiene experiencia y resultados, pero mantiene todo ese valor encerrado en un círculo demasiado pequeño, donde prima la timidez y las reservas. Y lo cierto es que der reservado no es un defecto, sin embargo, cuando el miedo a exponerse impide intervenir, presentar un trabajo, cultivar relaciones, compartir conocimiento o explicar hacia dónde queremos crecer, deja de ser solo una característica personal y empieza a tener consecuencias profesionales.

No se trata de convertirse en un personaje ni de publicar cada logro. Se trata de permitir que nuestro trabajo sea suficientemente visible para que pueda ser comprendido y recordado. Por eso, las mejores redes profesionales no fabrican reputaciones, transportan evidencia.

Quien recomienda a otra persona también compromete algo propio, porque pone una parte de su credibilidad detrás de ese nombre. Por eso, una red valiosa no se mide únicamente por cuántas personas conocemos, sino por cuántas podrían explicar con fundamento por qué confiarían en nosotros.

Pero aquí aparece una responsabilidad que suele desaparecer de los discursos sobre networking, y es que, quien ha construido reputación también ha adquirido cierto poder para distribuir oportunidades. Puede recomendar siempre a los mismos nombres, moverse dentro de los mismos círculos y reproducir las mismas ventajas, o bien, puede utilizar parte de su credibilidad para acercar el talento que todavía no ha tenido suficiente acceso, porque las redes profesionales no solo conectan personas, también distribuyen confianza.

Geisy Peña Turbí
Abogada | Escritora | Fundadora de Mujer en Victoria

Y quizás esa sea la verdadera ventaja que no cabe en un currículum, el llegar al punto en que nuestro trabajo haya dejado suficiente evidencia para que, cuando surja una oportunidad en una sala donde no estemos, alguien pueda pronunciar nuestro nombre con una razón detrás.

Después queda otra pregunta, igualmente importante: ¿a favor de quién estamos dispuestos nosotros a hacer lo mismo?

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