El debate en EE. UU. sobre frenar las exportaciones del combustible llega con precios récord y a semanas de unas elecciones. Para un país que importa todo su combustible refinado y lo subsidia cada semana, el resultado importa más de lo que parece.
SANTO DOMINGO. En Estados Unidos, el diésel ya no es solo un problema de camioneros y agricultores. El precio promedio nacional alcanzó US$6.529 por galón en la semana del 21 de septiembre, según la Administración de Información de Energía (EIA), y a principios de mes había superado el máximo nominal de 2022. El aumento encarece el transporte de casi todo lo que se consume: UPS, FedEx y el Servicio Postal ya añadieron recargos a algunos envíos.
El debate: ¿cerrar la llave de las exportaciones?
La propuesta que domina la discusión es prohibir o limitar temporalmente las exportaciones de diésel estadounidense. El representante republicano Tim Burchett presentó el 17 de septiembre dos proyectos: uno que prohibiría exportar diésel hasta enero de 2027 y otro que activaría la prohibición automáticamente cuando el promedio nacional llegue a US$5 por galón. El senador Chuck Grassley pidió al presidente Donald Trump una prohibición a mediados de septiembre, y el líder de la mayoría en el Senado, John Thune, dijo estar abierto a explorarla.
Quienes la defienden sostienen que el problema es de reparto. Según un análisis de Energy Intelligence, el país tiene producción de destilados suficiente para reconstruir sus inventarios si las exportaciones se reducen temporalmente.
Los críticos son numerosos y pesados. El analista Patrick De Haan calcula que las refinerías estadounidenses producen unos 5.3 millones de barriles diarios de destilados, frente a una demanda interna de unos 3.6 millones. Advierte que prohibir las ventas al exterior “muy probablemente saldría mal”. El Departamento de Energía tiene la misma postura: el secretario Chris Wright advirtió que un embargo encarecería la gasolina de inmediato, y el secretario del Interior, Doug Burgum, lo calificó de malo “en todos los sentidos”. El argumento de fondo es que el exceso de producción se concentra en la Costa del Golfo, y cuellos de botella en oleoductos y transporte marítimo impiden llevarlo a regiones como Nueva Inglaterra o la Costa Oeste.
La alternativa que más consenso reúne entre los expertos es logística: la exención de la Ley Jones, vigente desde marzo, ha facilitado mover productos petroleros desde la Costa del Golfo al resto del país, y se extendió hasta el 15 de noviembre.
De dónde viene la crisis
Casi todos coinciden en que el origen no es doméstico. Según el presidente del American Petroleum Institute, Mike Sommers, las disrupciones en el Estrecho de Ormuz y los ataques a refinerías rusas son los principales factores del ajuste global de suministros. Un columnista lo resume así: los precios altos persistirán hasta que terminen las guerras de Ucrania e Irán.
El espejo dominicano
La República Dominicana no compra crudo sino derivados ya terminados, como recuerda el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM). En el comunicado de esta semana, el barril de gasoil regular se cotizó cerca de US$180 y el de gasoil premium en torno a US$206. Un país que importa refinados queda expuesto a lo que ocurra con la oferta de diésel de sus proveedores.
La respuesta oficial ha sido amortiguar con dinero público. Para la semana del 26 de septiembre al 2 de octubre, el Gobierno destinará RD$1,770.65 millones en subsidios, y el total del Plan Anticrisis supera ya los RD$35,541 millones. Pero el colchón tiene límites: el gasoil regular se vende ahora a RD$270.80 y el óptimo a RD$306.10, frente a los RD$224.80 y RD$242.10 de febrero. Eso equivale a un alza cercana al 20 % y al 26 %, respectivamente. El subsidio por galón es de RD$111.21 en el gasoil regular y RD$117.21 en el óptimo.
Qué podría pasar a mediano plazo
Lo que sigue es análisis y no datos confirmados, porque el desenlace depende de decisiones que aún no se toman.
Escenario 1: prohibición de exportaciones. Si EE. UU. frena sus ventas, el mercado global perdería una pieza grande. Las exportaciones estadounidenses aportan 1.5 millones de barriles diarios, cerca de una quinta parte del comercio marítimo mundial de diésel. Los compradores de refinados sin alternativa propia, como la República Dominicana, competirían por menos barriles, con primas más altas y mayor riesgo de desabastecimiento puntual. El subsidio tendría que crecer o los precios al consumidor saltarían.
Escenario 2: se mantiene el libre flujo. El precio seguiría atado a la evolución de Ormuz y de las refinerías rusas. No habría un salto súbito, pero sí una presión sostenida sobre las cuentas públicas.
Efectos que aparecen en ambos casos:
• Fiscal. Cada semana de subsidio es gasto que no se destina a otra cosa. Mantener el esquema a estos niveles exige financiamiento o recortes en otras partidas.
• Transporte y alimentos. El gasoil mueve camiones, buses, generación eléctrica de respaldo y maquinaria agrícola. Los aumentos se filtran con rezago a pasajes, fletes y precios de productos.
• Cambiario. Más dólares para pagar combustible presionan la balanza de pagos y el tipo de cambio, que el Banco Central promedió en RD$59.13 la semana del 12 al 18 de septiembre.
• Calendario. La exención de la Ley Jones vence el 15 de noviembre. Lo que Washington decida antes de esa fecha, con el Congreso en plena campaña electoral, marcará el invierno.
Lo que no se sabe
Nadie puede asegurar hoy si la prohibición se aprobará, por cuánto tiempo, ni si el conflicto en Medio Oriente se aliviará. Lo único firme es la dependencia: un país sin refinería propia para el grueso de su demanda paga, tarde o temprano, las decisiones que otros toman sobre sus tanques.
Nota: las cifras de precios proceden de la EIA, del MICM y de los medios citados, y cambian semanalmente.
Datos al 30 de septiembre de 2026.