#LaHoraDelCriterio |Comprender mejor para decidir mejor.

Por: Geisy Peña Turbí

La frase “no sé cómo vamos a salir de esto” dicha por un líder, puede ser un acto de honestidad, pero también puede dejar a todo un equipo preguntándose quién está realmente al mando.

Durante años hemos defendido un liderazgo menos rígido, más humano y capaz de reconocer dudas, errores y límites, lo cual parece un avance, y a la vez, entendemos que fingir certeza cuando no existe, produce malas decisiones y termina destruyendo la confianza.

Sin embargo, hemos llevado esa idea demasiado lejos, cuando confundimos transparencia con decir todo lo que sentimos en el momento en que lo sentimos, porque un líder puede estar asustado, puede no saber todavía qué decisión tomar, puede sentirse incluso frustrado, desbordado o preocupado por el futuro de la organización, y aunque nada de eso lo hace peor líder, la cuestión es dónde procesa primero esa incertidumbre.

Quien dirige no comunica desde una posición neutral. Una frase suya pesa más que cualquier otra, un gesto de preocupación se interpreta de inmediato, una duda puede convertirse en rumor y una reacción impulsiva puede modificar la forma en que diez personas leen una situación que quizá todavía no está clara.

Con lo anterior, no se sugiere ocultar la realidad. Si la empresa atraviesa dificultades, el equipo tiene derecho a conocer aquello que afecta a su trabajo, igual que si no existe una respuesta todavía, decir “no lo sé” puede ser mucho más responsable que inventar seguridad. Pero existe una diferencia entre compartir información difícil o sensible y descargar angustia.

La frase “todavía no tenemos una decisión y estamos evaluando estas opciones” informa. Ahora bien, decir “esto pinta fatal y no sé qué vamos a hacer” transmite algo distinto. Aunque ambas frases pueden ser sinceras, no producen el mismo efecto.

Una investigación publicada este año en European Management Journal recuerda que la vulnerabilidad puede ser una parte constructiva del liderazgo. Reconocer límites, pedir ayuda o admitir un error puede acercar a quien dirige a su equipo, pero la vulnerabilidad no significa convertir a las personas que dependen de tus decisiones en responsables de tranquilizarte y ese límite parece bastante importante.

El equipo necesita conocer riesgos relevantes, prioridades, decisiones y aquello que puede afectar su trabajo, pero no necesita asistir a cada etapa emocional por la que atraviesa quien dirige mientras intenta entender qué hacer. Para eso un líder también necesita otros espacios: colegas, consejo, mentores, asesores o personas con quienes pueda pensar, sin trasladar inmediatamente cada temor a quienes esperan de él dirección. No porque tenga que parecer invulnerable, sino porque tiene una responsabilidad distinta.

Liderar también consiste en procesar antes de amplificar, y en separar lo que el equipo necesita saber de aquello que nosotros necesitamos decir para sentir alivio, auqnue esa frontera no siempre sea evidente.

Una pregunta sencilla puede ayudar antes de comunicar en momentos difíciles: ¿Estoy compartiendo esto porque ayudará al equipo a comprender y actuar mejor, o porque necesito dejar de cargarlo yo solo? Si es lo segundo, quizás la conversación sea necesaria, pero quizás no sea con ellos.

Pregunta de criterio: cuando compartes una preocupación desde una posición de liderazgo, ¿estás dando claridad o simplemente trasladando el peso?

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