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​Por: Dra. Greicy Peña | La Hora de la Salud

Entrevistada: Dra. Fabiolina Sánchez Peralta (Gastroenteróloga, @fabiolinasp)

​Más del 40% de los adultos en todo el mundo padece algún tipo de trastorno digestivo funcional. Asimismo, la bacteria Helicobacter pylori—una de las causas más frecuentes de gastritis—afecta a cerca del 44% de la población mundial y alcanza a un alarmante 62% en la República Dominicana. A pesar de estas cifras, muchas personas asumen el malestar digestivo persistente como parte de su rutina diaria.

​¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir que se siente «como un tambor» después de comer? Pero, ¿cuándo deja esta pesadez de ser un simple exceso de comida para convertirse en una señal de alerta de gastritis o del síndrome de intestino irritable?

​Para responder a estas y otras interrogantes, conversamos con la gastroenteróloga Dra. Fabiolina Sánchez Peralta, quien nos ayuda a desenredar los mitos del malestar estomacal y a identificar cuándo es momento de acudir a la consulta médica.

​¿Indigestión pasajera o condición crónica?

​Es normal sentirse hinchado tras una comida abundante, rica en grasas, carbohidratos fermentables o acompañada de bebidas gaseosas; en esos casos, la molestia suele desaparecer por sí sola tras un par de horas. Sin embargo, la Dra. Sánchez Peralta enfatiza que la alarma debe encenderse cuando esta molestia deja de ser una excepción y se convierte en la regla.

​«Si la hinchazón ocurre casi a diario o varias veces por semana durante más de tres meses, y viene acompañada de dolor abdominal que se alivia al evacuar o de cambios en el hábito intestinal (diarrea, estreñimiento o alteración de ambos), podemos estar ante un síndrome de intestino irritable», explica la especialista.

​Por otro lado, cuando la molestia se localiza en la zona alta del abdomen, viene acompañada de ardor, aparece con el estómago vacío o empeora inmediatamente después de comer—a veces acompañada de reflujo o sabor amargo—, el diagnóstico suele orientarse hacia la gastritis.

​Existen además señales de alarma que requieren atención médica inmediata, sin importar el tiempo que se lleve con el malestar:

  • ​Pérdida de peso inexplicable.
  • ​Presencia de sangre en heces o vómitos.
  • ​Dificultad para tragar (disfagia).
  • ​Anemia.
  • ​Despertarse durante la noche debido al dolor.

​«La regla práctica que le doy a mis pacientes es esta: si la indigestión ya está dictando lo que comes, cuándo sales de casa o cómo te sientes contigo mismo, no es «normal»; es momento de evaluarlo», recalca la gastroenteróloga.

​La verdad sobre los remedios caseros y los tés digestivos

​Frente al malestar, es común recurrir a infusiones o remedios caseros. Sin embargo, la Dra. Sánchez Peralta aclara que existe una línea fina entre lo que realmente ayuda y lo que puede empeorar la condición.

  • ​Los tés digestivos: Infusiones como el jengibre o la manzanilla cuentan con respaldo científico para aliviar las náuseas y relajar la musculatura digestiva. Sin embargo, alivian los síntomas, pero no «desinflaman» la mucosa en un sentido médico. El té de menta, por ejemplo, beneficia a pacientes con intestino irritable, pero puede ser perjudicial para quienes sufren de reflujo, al relajar el esfínter esofágico inferior.
  • ​El peligro de los ácidos en ayunas: Tomar agua con limón o vinagre de manzana en ayunas con la idea de «limpiar» el estómago es una práctica desaconsejada. Si el paciente presenta gastritis, este ácido adicional irritará aún más la mucosa dañada.
  • ​El bicarbonato de sodio: Aunque calma la acidez momentáneamente, su uso frecuente causa un «efecto rebote» de acidez y puede alterar el balance electrolítico del organismo.
  • ​Riesgo herbolario: Existen remedios de herbolaria que, lejos de ser inofensivos, pueden comprometer la función de otros órganos esenciales, provocando insuficiencia hepática o renal.

​El uso recurrente de paliativos caseros corre el riesgo de enmascarar patologías subyacentes que requieren tratamiento farmacológico específico, como una infección activa por Helicobacter pylori.

​Los 3 hábitos diarios más dañinos para tu digestión

​La especialista señala tres prácticas comunes que deterioran progresivamente la salud gastrointestinal:

  1. ​Comer rápido y frente a pantallas: Al comer con prisa no se mastica adecuadamente y se ingiere aire en exceso (aerofagia), lo que genera gases e hinchazón. Además, el cerebro tarda aproximadamente 20 minutos en procesar la señal de saciedad, lo que promueve el exceso de comida.
  2. ​Automedicación de antiinflamatorios y antiácidos: El uso crónico de medicamentos de venta libre como el ibuprofeno daña de forma directa la mucosa gástrica, mientras que los antiácidos no recetados pueden solapar patologías más severas.
  3. ​Cenar tarde e irse a la cama de inmediato: Al acostarse con el estómago lleno, se pierde la ayuda de la gravedad para mantener el contenido gástrico en su lugar, lo que favorece el reflujo gastroesofágico.

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