El nombramiento de Edgar Augusto Feliz Méndez como director de la recién creada Dirección General de Asistencia Social y Alimentación Comunitaria (DASAC) ha desatado una ofensiva de descrédito que busca empañar una gestión caracterizada por la eficiencia, la transparencia y el compromiso social.
No se trata de un funcionario improvisado ni de un beneficiario coyuntural de la política; su trayectoria profesional y ciudadana lo avala como un hombre de trabajo, de principios y de resultados. Antes de llegar al gobierno de Luis Abinader, Edgar Feliz Méndez se destacó como abogado, comunicador y servidor público en diferentes espacios de la vida nacional, siempre con una hoja de vida limpia y con un desempeño reconocido por su seriedad y capacidad de gestión. Su paso por instituciones locales y nacionales, así como su rol en la defensa de causas comunitarias en Barahona, lo convirtieron en referente de liderazgo responsable y cercano a la gente.
La campaña sucia que hoy se despliega contra su persona no es casualidad. Surge inmediatamente después de la fusión de los Comedores Económicos con el Plan Social, que dio origen a la DASAC, una institución llamada a fortalecer la asistencia social y la alimentación comunitaria en todo el país. El ataque busca sembrar dudas sobre su moralidad y su capacidad, presionar para que se protejan intereses espurios y distraerlo de su labor, obligándolo a dedicar tiempo y recursos a su defensa en lugar de continuar con los logros que ya empiezan a evidenciarse en su gestión. Detrás de esta ofensiva se encuentran sectores económicos que ven afectados sus privilegios por la transparencia y eficiencia de la nueva administración, sectores que recurren a mercenarios de la comunicación para intentar debilitar la imagen de un funcionario que ha demostrado ser un gerente eficiente y un ciudadano ejemplar.

Atacar la honra y el trabajo de Edgar Feliz Méndez es, en realidad, un ataque contra toda la comunidad de Barahona. La provincia se siente representada en su hijo, que hoy honra a su tierra desde una posición de responsabilidad nacional. La campaña sucia constituye una afrenta colectiva, un intento de chantaje que pretende arrastrar la dignidad de una provincia entera. Sin embargo, Barahona no cederá a ese chantaje. La provincia se mantiene firme en respaldo a uno de sus hijos más destacados, consciente de que defender su nombre es defender la transparencia, la eficiencia y el compromiso social que representan su gestión y su trayectoria.
El pueblo dominicano, y en especial Barahona, no caerá en el juego de los miserables que atentan contra la dignidad de un funcionario que ha dedicado su vida al servicio público y comunitario. La unidad de la provincia es la mejor respuesta frente a la bajeza de quienes pretenden sembrar dudas y debilitar la confianza en un hombre que, con trabajo y rectitud, ha abierto las puertas de la asistencia social a los sectores más vulnerables. La campaña contra Edgar Feliz Méndez es, en definitiva, una campaña contra Barahona, y Barahona se defiende unida.