#LaHoraDeLaReflexión
En la actualidad, las rupturas de pareja y los divorcios han dejado de ser un asunto íntimo para convertirse en un fenómeno social marcado por un protagonista silencioso: el narcisismo. Vivimos en una época donde el yo se impone sobre el nosotros, y donde las relaciones se ven atravesadas por la necesidad constante de validación y exhibición.
Las redes sociales y la cultura de la inmediatez han transformado la pareja en un espejo. Más que compañía, se busca admiración; más que complicidad, se exige reconocimiento. Cuando ese reflejo deja de mostrar la imagen idealizada, el vínculo se quiebra. La separación ya no se interpreta como fracaso compartido, sino como reafirmación individual.
Hoy los divorcios se narran públicamente. Se convierten en espectáculo social, en discurso de empoderamiento personal frente a la supuesta toxicidad del otro. El dolor íntimo se transforma en contenido, en performance, en relato de triunfo. Sin embargo, detrás de esa narrativa se ocultan las consecuencias: la soledad creciente, la desconfianza hacia nuevas relaciones y el impacto emocional en los hijos, convertidos en espectadores de un drama donde la autoafirmación pesa más que la construcción de un hogar estable.
La sociedad ha normalizado la ruptura como parte del ciclo vital, pero invisibiliza el costo humano que deja tras de sí. Estamos ante una época donde el narcisismo redefine el sentido mismo del amor y de los vínculos. El desafío es recuperar la dimensión comunitaria del afecto, rescatar el pacto de cuidado mutuo y evitar que el yo siga imponiéndose sobre el nosotros.
La Hora del Sur invita a reflexionar: ¿seguiremos celebrando la ruptura como triunfo individual, o seremos capaces de reconstruir el valor colectivo del vínculo?
