#LaHoraDeDuarte

Un salto hacia 1813
Imagina que el calendario retrocede más de dos siglos. Las calles de Santo Domingo aún conservan la huella colonial, y en una casa sencilla nace un niño llamado Juan Pablo Duarte, destinado a convertirse en el arquitecto de la libertad dominicana.

Conversando con el joven soñador
Nos acercamos a él en su juventud, cuando sus ojos brillan con la pasión de quien sueña con una patria libre. Duarte nos habla de justicia, de soberanía, de un país que no dependa de ninguna potencia extranjera. Sus palabras no son simples ideas: son llamas que encienden corazones.

La Trinitaria: el juramento de la independencia
Acompañamos a Duarte en 1838, en una habitación discreta donde funda La Trinitaria junto a otros jóvenes valientes. Allí, bajo la luz tenue de una vela, escuchamos el juramento solemne: sacrificarlo todo por la libertad. En ese instante comprendemos que no estamos ante un político, sino ante un visionario que concibe la República como un espacio de dignidad y justicia.

El Padre de la Patria en acción
Lo vemos caminar por las calles, animando a sus compañeros, escribiendo proclamas, sembrando esperanza. Duarte no busca honores personales; su misión es más grande: darle identidad a un pueblo. Su frase resuena en nuestros oídos como un eco eterno: “Nuestra Patria ha de ser libre e independiente de toda potencia extranjera o se hunde la isla.”

Regreso al presente
Volvemos al 2026 y entendemos que Duarte no es solo un personaje del pasado. Es un compañero de viaje en la historia, un maestro que nos recuerda que la independencia no se hereda: se defiende y se honra cada día. Celebrar su natalicio es volver a ese diálogo imaginario y reafirmar que su misión sigue viva en cada dominicano.

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