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En Vicente Noble la espera se ha vuelto costumbre. La comunidad observa cómo las promesas oficiales se repiten en discursos, pero nunca se convierten en hechos. Las obras se paralizan, los problemas básicos se acumulan y las instituciones parecen más ocupadas en discutir entre ellas que en resolver lo que afecta a la gente. Es un silencio que recuerda la obra de Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba: un pueblo que aguarda una carta que nunca llega, símbolo del abandono y la indiferencia.

El caso más evidente es la estación de bomberos. La construcción, iniciada hace años, permanece inconclusa y deteriorada. Vecinos y líderes comunitarios han denunciado públicamente la situación, incluso con actos simbólicos como el “cumpleaños infeliz” frente a la estructura, para evidenciar el abandono. La falta de un cuartel funcional deja a Vicente Noble expuesto ante incendios y emergencias, sin la protección que merece.

A esto se suma el conflicto entre el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA) y el ayuntamiento. Las tuberías rotas han provocado filtraciones que contaminan el arroyo Los Maquitos, generando riesgos de salud. Mientras tanto, miles de litros de agua potable se desperdician cada día por averías no reparadas. Las calles, destruidas por las roturas, agravan el malestar ciudadano. En lugar de cooperación, prevalece la disputa institucional, y el costo lo paga la comunidad.

Pero las denuncias no terminan ahí. La cancha municipal, espacio vital para la juventud y el deporte, permanece sin energía eléctrica. Una acción básica que debería ser resuelta con rapidez se convierte en un símbolo de ineptitud. Lo que en cualquier lugar sería una gestión sencilla, aquí se transforma en un problema crónico que limita la vida comunitaria y desalienta a los jóvenes que buscan espacios de recreación y encuentro.

Así como el coronel de García Márquez espera una carta que nunca llega, Vicente Noble espera gestión, compromiso y acción. La obra inconclusa de los bomberos, el conflicto por las tuberías y la falta de energía en la cancha son símbolos de un municipio que aguarda respuestas que no aparecen. La comunidad se convierte en protagonista de una espera interminable, marcada por el abandono y la indiferencia.

Vicente Noble no necesita más discursos, necesita hechos. La juventud, las familias y los líderes comunitarios reclaman soluciones reales: un cuartel de bomberos operativo, agua potable sin desperdicio, calles transitables y una cancha iluminada. La espera no puede ser eterna. Es hora de que las autoridades comprendan que gobernar es más que opinar, es actuar con responsabilidad y cercanía.

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