#LaHoraDelCriterio | Comprender mejor para decidir mejor.
Por: Geisy Peña Turbí
Cuando no hay espacio para todos, la conversación cambia muy rápido. Primero preguntamos por qué faltan aulas, y después empezamos a preguntar quién está ocupándolas.
Eso está ocurriendo ahora en República Dominicana, donde el inicio del año escolar ha vuelto a poner sobre la mesa la falta de cupos y, casi inmediatamente, el crecimiento de la matrícula de estudiantes haitianos. Son dos asuntos que pueden estar relacionados, pero no son necesariamente la misma explicación. Y distinguirlos es crucial, porque cuando un servicio público no alcanza, identificar al grupo más visible, suele ser mucho más fácil que reconstruir todas las causas de la escasez.
El problema de capacidad existe. El Ministerio de Educación ha tenido que recurrir nuevamente a plazas en centros privados para ubicar estudiantes que no encontraron espacio inmediato en la red pública. Al mismo tiempo, el debate político ha incorporado el aumento de la matrícula haitiana como uno de los factores de presión sobre el sistema.
Los datos oficiales ayudan a dimensionar esa presencia: en el año escolar 2023-2024, los estudiantes de nacionalidad haitiana representaban alrededor del 7.1 % de la matrícula preuniversitaria total, y ese dato es importante para planificar. Lo que no puede hacer por sí solo es explicar por qué faltan cupos, porque forzar un servicio y ser responsable de su insuficiencia, no son la misma cosa.
Una escuela puede quedarse pequeña porque creció la población de una zona, porque llegaron nuevas familias, porque hubo desplazamientos internos, porque la infraestructura no aumentó al mismo ritmo, porque determinadas aulas no fueron terminadas o porque la demanda se concentró donde antes no estaba prevista. Varias causas pueden coexistir. Y cuando eso ocurre, la calidad del debate depende de nuestra capacidad para resistir explicaciones demasiado cómodas.
Negar que una población adicional ejerce presión sobre escuelas, hospitales, transporte o vivienda sería poco serio. Los Estados necesitan datos demográficos precisamente para anticipar demanda y decidir dónde invertir, pero aceptar esa presión no obliga a concluir que el grupo que creció sea la causa principal de que el sistema no alcance.
Esa diferencia es especialmente importante en República Dominicana, donde la inmigración haitiana plantea desafíos reales de planificación, regulación migratoria y sostenibilidad de servicios públicos. Reducir cualquier preocupación sobre esos desafíos a prejuicio, impediría una conversación adulta.

Pero utilizar cada insuficiencia pública como prueba automática de que determinados usuarios están ocupando un espacio que no les corresponde, tampoco ayuda a comprender el problema.
Cuando faltan aulas, la pregunta institucional debería ser más exigente: ¿desde cuándo falta capacidad?, ¿en qué territorios?, ¿cómo ha evolucionado la demanda?, ¿qué parte era previsible?, ¿qué inversiones llegaron tarde y qué decisiones no se tomaron a tiempo? Eso no elimina la variable migratoria, al contrario, la coloca en contexto.
Porque la escasez pública tiene una capacidad política muy particular, y es que convierte personas con necesidades parecidas en competidores por un recurso limitado. Entonces el padre que busca una plaza para su hijo puede dejar de mirar al sistema que no consiguió ofrecerla y empezar a mirar al otro niño que sí encontró asiento. Ese desplazamiento de la mirada resulta comprensible, pero también puede ser peligroso.
Un problema de capacidad termina transformándose en una discusión sobre merecimiento: quién debería estar primero, quién aporta más, quién pertenece, quién está ocupando demasiado. Y para entonces, podemos haber dejado atrás la pregunta inicial que planteaba ¿por qué el servicio no estaba preparado para responder?
La gestión pública seria necesita saber quién demanda sus servicios y cuánto cuesta atender esa demanda, pero una sociedad con criterio necesita además distinguir entre medir una presión y fabricar una causalidad.
Cuando no alcanza para todos, buscar culpables puede ofrecer una explicación rápida, pero planificar bien exige algo bastante más difícil.
Pregunta de criterio: Cuando un servicio público resulta insuficiente, ¿estamos identificando las causas reales de la escasez o simplemente al grupo más fácil de convertir en responsable?