#LaHoraDelCriterio |Comprender mejor para decidir mejor

Por: Geisy Peña Turbí

Esta semana, una ruptura matrimonial se convirtió en conversación nacional y produjo algo bastante previsible: miles de personas explicando desde fuera cuándo una relación merece otra oportunidad y cuándo se debería terminar.

Opinar sobre una relación ajena tiene una ventaja enorme, y es que no tenemos nada que perder, ni reorganizar la familia, ni explicar nada a los hijos, ni dividir patrimonio, ni desmontar rutinas, o enfrentarnos a la posibilidad de que aquello que defendimos durante años, ya no represente lo que queremos hoy. El juicio exterior puede resolverse en minutos, pero la vida de quien está dentro, no.

Debajo de todo el ruido mediático queda una cuestión mucho más interesante que cualquier versión sobre quién hizo qué, y es ¿por qué podemos reconocer que una situación nos perjudica y, aun así, continuar sosteniéndola?

La respuesta fácil suele ser miedo, dependencia o una cuestión de autoestima, y seguro que puede haber algo de eso. Pero reducirlo todo a esas explicaciones, deja fuera una fuerza menos evidente, y es que, el pasado también participa en nuestras decisiones presentes.

Una relación larga no contiene solamente afecto. Contiene años de dedicación, patrimonio, planes, renuncias, vínculos familiares, recuerdos, promesas y una determinada versión de nosotros mismos. De modo que, abandonarla puede obligarnos a perder algo más que la relación, como es la tranquilidad de pensar que habíamos elegido bien.

El efecto de los costes hundidos, como suele llamarse en economía, describe nuestra tendencia a permitir que inversiones ya irrecuperables, como el tiempo, dinero, o esfuerzo, influyan demasiado en lo que decidimos hacer después. Este fenómeno está ampliamente documentado, aunque no explica por sí solo conductas tan complejas como permanecer o abandonar una relación.

En la vida sentimental, además, la inversión más difícil de contabilizar puede ser la identidad, de ahí que nos planteemos las siguientes interrogantes: “con todo lo que hemos pasado…”, “después de tantos años…”, “¿y ahora qué hago con todo esto?”.

Ninguna de esas preguntas carece de sentido. Una separación puede tener consecuencias económicas, familiares y emocionales muy serias. También existen relaciones que atraviesan crisis y consiguen reconstruirse. Convertir cada dificultad en una invitación a marcharse sería tan irresponsable como defender la permanencia a cualquier precio.

Pero también parece necesario analizar otra cosa, y es si las razones para continuar pertenecen todavía al presente o proceden principalmente de todo lo que costaría reinterpretar el pasado.

En liderazgo entendemos con cierta facilidad esta diferencia. Desconfiamos del directivo que mantiene una estrategia únicamente porque fue quien la aprobó, y esperamos que observe nueva información, reconozca cambios y rectifique cuando resulte necesario, aunque en nuestra vida personal somos bastante menos indulgentes con esa posibilidad.

Geisy Peña Turbí
Abogada | Escritora | Fundadora de Mujer en Victoria

Cambiar de opinión puede parecernos una incoherencia, terminar una relación, se puede interpretar como un fracaso, y reconocer que hoy haríamos algo distinto, puede sentirse como una acusación contra la persona que fuimos. Pero una elección anterior no necesita seguir funcionando para haber tenido sentido cuando la tomamos.

Las circunstancias cambian y las personas también. Aparece información que antes no existía. Lo que era sostenible deja de serlo, y aquello que dos personas podían reparar quizás ya no dependa de una sola.

Revisar el rumbo no borra automáticamente lo vivido ni convierte en falsa toda la historia anterior. La verdadera dificultad está en impedir que la necesidad de darle razón a nuestro pasado termine teniendo poder de veto sobre nuestro presente. Porque persistir puede ser señal de compromiso, pero también puede ser una negociación silenciosa con todo lo que nos cuesta admitir que cambió.

Pregunta de criterio: Si no tuvieras que demostrar que el tiempo invertido valió la pena, ¿qué razones del presente quedarían hoy para sostener aquello que estás sosteniendo?

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