Por Anner Victoriano
Los resultados de PISA 2025 colocan otra vez la calidad educativa en el centro del debate dominicano. La discusión necesita reconocer los avances y, al mismo tiempo, convertir la evidencia en decisiones que mejoren el aprendizaje cotidiano.
En ciencias, la República Dominicana obtuvo 361 puntos, frente a 336 en 2018. En matemáticas alcanzó 339 y en lectura 346. La OCDE advierte, sin embargo, que los resultados de 2025 fueron estadísticamente similares a los de 2022 en las tres áreas. El país ha recuperado terreno frente a 2018, pero todavía no consolida una mejora sostenida.
Los niveles de competencia muestran la dimensión del reto. Alcanzó al menos el nivel básico el 26 % de los estudiantes en ciencias, el 23 % en lectura y el 9 % en matemáticas. Esos porcentajes indican que muchos jóvenes de 15 años aún tienen dificultades para aplicar conocimientos esenciales a situaciones concretas. La prioridad debe ser que cada estudiante comprenda lo que lee, razone con números y use la ciencia para interpretar su entorno.
El Pacto Nacional para la Reforma Educativa, firmado para el período 2014-2030, ofrece un marco de continuidad. El Consejo Económico y Social publicó el 14 de octubre un balance de sus primeros diez años y orientaciones para la etapa siguiente. Además, el Consejo Nacional de Educación encargó una revisión de la implementación curricular y solicitó medidas inmediatas, recomendaciones e indicadores de seguimiento para finales de noviembre.
Esa respuesta institucional debe traducirse en un plan público, breve y verificable. Propongo concentrarlo en cuatro decisiones. Primero, fijar metas anuales de lectura, matemáticas y ciencias por grado, con resultados desagregados que permitan reconocer brechas territoriales sin identificar estudiantes. Segundo, dedicar apoyo intensivo a las escuelas con mayores rezagos mediante acompañamiento docente, tutorías y materiales alineados con el currículo. Tercero, asegurar el cumplimiento del tiempo de clases y medir cuánto de ese tiempo se utiliza efectivamente para aprender. Cuarto, vincular las partidas educativas con objetivos de aprendizaje y explicar periódicamente qué resultados produjo cada intervención.

La evaluación también debe servir al aula. Los docentes necesitan reportes oportunos, formación conectada con las dificultades observadas y libertad profesional para adaptar estrategias. Las familias requieren información comprensible sobre lo que sus hijos dominan y el apoyo que pueden ofrecer en casa.
La inversión educativa adquiere sentido público cuando mejora capacidades reales. El seguimiento no puede limitarse a actividades realizadas, personas capacitadas o recursos distribuidos. Debe mostrar si más estudiantes leen con comprensión, resuelven problemas y avanzan sin acumular rezagos.
PISA no resume toda la educación dominicana, pero ofrece una señal comparable y útil. El próximo paso corresponde a la gestión: metas claras, responsables identificados, apoyo a las escuelas y rendición de cuentas. La calidad educativa se construye cuando cada política puede relacionarse con un aprendizaje comprobable.