#LaHoraInformativa

​Por: Mariano Abreu
Consultor de Imagen Pública, Analista Político y Coach Ejecutivo

​El mapa político dominicano se encamina hacia las elecciones de 2028 con una configuración sustancialmente distinta a los esquemas de polarización binaria del pasado. Para entender las dinámicas que definirán el próximo torneo electoral, es imprescindible partir de la matemática real del comportamiento del electorado en las elecciones de mayo de 2024 y del calendario institucional que se avecina.

​1. El punto de partida: Los números de 2024 y el peso de las alianzas

​En los comicios presidenciales de 2024, el comportamiento de las tres principales fuerzas políticas y sus esquemas de alianzas dejó una lección matemática contundente:

​Partido Revolucionario Moderno (PRM): Acudió encabezando una megacoalición de 22 partidos aliados («RD Avanza»). En su casilla individual alcanzó 2,113,100 votos (48.41%). A esa cifra se le sumaron 394,197 votos (9.03%) aportados por sus organizaciones aliadas, alcanzando un total acumulado de 2,507,297 votos (57.44%).

​El impacto decisivo: De no haber contado con el aporte de su bloque de alianzas, el PRM en solitario (48.41%) habría quedado por debajo del umbral constitucional del 50% + 1 voto. Fueron precisamente esos 394,197 votos (9.03%) los que le permitieron superar la barrera de la primera vuelta y consolidar la reelección.

​Fuerza del Pueblo (FP): Acudió con 5 partidos aliados. En su casilla propia sumó 1,164,122 votos (26.67%), alcanzando con sus aliados un total de 1,259,427 votos (28.85%).

​Partido de la Liberación Dominicana (PLD): Acudió sin aliados en el nivel presidencial, obteniendo 453,468 votos (10.39%) en su casilla única.

​Históricamente, los partidos alternativos y minoritarios captan en conjunto entre un 12% y un 14% del electorado. En 2024, el PRM logró absorber y articular a la casi totalidad de esa masa minoritaria mediante una arquitectura de alianzas sin precedentes.

​2. El factor Santiago Matías (Alofoque) y el PRSC: El «corral» de los desencantados

​Un elemento disruptivo en la proyección hacia 2028 es la eventual irrupción de Santiago Matías (Alofoque) como candidato presidencial bajo la casilla del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC).

​Según mediciones recientes y proyecciones de opinión, una figura de su perfil mediático y penetración digital podría otorgarle al PRSC entre un 5% y un 6% de la votación total. Este porcentaje es estratégico por dos razones fundamentales:

​Elevación a Partido Mayoritario: Superar el umbral del 5% catapultaría al PRSC nuevamente a la categoría de partido mayoritario, permitiéndole acceder al 80% de los fondos públicos asignados por la JCE y recibir los mismos recursos que hoy perciben el PRM, la FP y el PLD. Por esta razón, la alta dirección del reformismo volcaría toda su estructura, recursos y logística para viabilizar este proyecto.
​Contención y fragmentación de la oposición: El verdadero impacto táctico de la candidatura de Matías radicaría en su capacidad para crear un «corral» que contenga y absorba a la juventud desencantada y a los votantes antisistema. Al encauzar la frustración juvenil hacia una opción emergente fuera de la partidocracia tradicional, se impide que la oposición estructurada (FP y PLD) conquiste a esos electores, favoreciendo de manera directa al partido de gobierno al fragmentar aún más el pastel electoral.

​3. La recomposición del PLD, el techo de la FP y la frustración por la vía Omar Fernández

​El mito de una inevitable polarización entre el PRM y la Fuerza del Pueblo se desvanece al examinar la dinámica interna y el comportamiento de la oposición tradicional:

​El rearme del PLD: La reintegración activa de figuras de alto perfil como Gonzalo Castillo en la dinámica interna ha comenzado a recomponer la estructura peledeísta, devolviendo a la organización a un rango de simpatía que oscila entre el 15% y el 20%.

​El efecto Omar Fernández y la decepción del relevo: En su momento, la posible candidatura presidencial de Omar Fernández representó una bocanada de aire fresco para la organización que lidera su padre, el tres veces presidente Dr. Leonel Fernández. Sin embargo, en los últimos meses se percibe un evidente enfriamiento y un sentimiento de decepción en el electorado al confirmarse que esa opción no se concretará para el 2028. Esta certidumbre aleja a un segmento significativo de la juventud y a sectores conservadores moderados que veían en el carisma, la moderación y el perfil institucional de Omar un relevo generacional digno, representativo de una juventud que no comulga con el «Alofoquismo» ni con la política tradicional.

​El techo de la Fuerza del Pueblo: La combinación del repunte territorial del PLD y la imposibilidad de canalizar la frescura de Omar Fernández como figura de cartel limita severamente el crecimiento de la Fuerza del Pueblo, consolidando un techo estructural que difícilmente supere el 30%.

​4. Tiempos de elección interna: Manejo del territorio e indecisos

​El cronograma de elección de las candidaturas presidenciales jugará un rol clave en la dinamización de las estructuras:

​Fuerza del Pueblo: Mantiene su liderazgo concentrado en la figura del Dr. Leonel Fernández.
​Partido de la Liberación Dominicana: Tiene pautado definir su precandidato o figura presidencial de consenso en octubre del año previo a las elecciones, en el marco de sus mecanismos de consulta interna.

​Partido Revolucionario Moderno: Será el último de los tres partidos mayoritarios en definir su candidatura, formalizando su elección primaria en octubre del año previo a los comicios, conforme a los plazos legales de la Ley de Partidos.

​Esta dilatación en la definición de la boleta oficialista no es una debilidad; al contrario, permite que sus distintos precandidatos con proyección nacional se mantengan desplegados en el territorio, conectando con los indecisos y absorbiendo a los inconformes de la oposición que no encuentran espacio en las opciones tradicionales ni en las propuestas disruptivas.

​5. El impacto psicológico y territorial de las municipales de febrero de 2028

​Un elemento crucial que suele pasarse por alto en el análisis es la primacía del calendario electoral: las elecciones municipales se celebrarán en febrero de 2028, apenas tres meses antes de las presidenciales y congresuales de mayo.

​Actualmente, el PRM ostenta el control de la inmensa mayoría de las alcaldías, direcciones municipales y regidurías en todo el territorio nacional. Todo indica que esta hegemonía se mantendrá como la gran tendencia para febrero de 2028.

​El resultado de los comicios municipales no es solo un tema de gestión local; funciona como un disparador psicológico devastador: un triunfo contundente del PRM en febrero proyectará de inmediato la percepción pública de un partido imbatible y dominante. Esta onda de choque generará un «efecto arrastre» que desmovilizará a la militancia opositora y consolidará el voto útil y pragmático hacia el oficialismo en la contienda presidencial de mayo.

Conclusión: Proyección del resultado electoral para 2028

​Considerando la radiografía política actual:

​PRM (Bloque Oficialista): Ostenta hoy un 38% de simpatía partidaria base. Al sumarle el aporte proyectado de su bloque de aliados (estimado en un 10%) y el impulso psicológico del triunfo proyectado en las municipales de febrero, el oficialismo se sitúa en una posición holgada para rondar o superar el 48% previo al tramo final de la campaña.

​Fuerza del Pueblo (Oposición Principal): Enfrenta múltiples obstáculos para crecer: la recuperación territorial del PLD (15%-20%), la dispersión del voto joven desafectado mediante la candidatura de Santiago Matías (5%-6%), el distanciamiento de los sectores moderados tras cerrar la ventana de un relevo con Omar Fernández, y el impacto psicológico adverso de los resultados municipales de febrero.

​Pronóstico final:

Si este escenario se mantiene sin modificaciones de fondo ni una gran alianza unitaria en la oposición, el resultado de las elecciones de 2028 apunta a una victoria del PRM en primera vuelta o, en el escenario más ajustado, a una ventaja matemática determinante frente a una oposición fragmentada en tres bloques. El gran beneficiario de este tablero disperso es el partido de gobierno, que conserva la masa crítica y el control territorial necesarios para retener el poder.

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