#LaHoraDelCriterio | Comprender mejor para decidir mejor

Por: Geisy Peña Turbí

En República Dominicana podemos celebrar que un muchacho de 16 años firme por tres o cuatro millones de dólares, y olvidar, en la misma fotografía, algo bastante elemental, y es que sigue teniendo 16 años y carece de madurez.

Este año, varios prospectos dominicanos recibieron bonos millonarios de organizaciones de Grandes Ligas. Wandy Asigen acordó US$3.9 millones con los Mets; Johenssy Colomé, US$4 millones con los Atléticos; Víctor Valdez, US$3.5 millones con Tampa Bay, y de los 50 principales prospectos internacionales identificados por MLB para 2026, 33 eran dominicanos.

Cuestionar que lo merezcan sería una herejía. Detrás de esas firmas suele haber años de sacrificios, entrenamiento, disciplina familiar, inversión y una competencia feroz. Lo que cuestiono es la facilidad con la que confundimos haber adquirido capacidad económica con haber adquirido capacidad para administrar todo lo que llega con ella, porque el dinero no llega solo.

Llegan familiares con necesidades reales, personas que recuerdan favores, oportunidades de inversión, agentes, entrenadores, nuevos amigos, negocios que parecen seguros y la expectativa de que ese adolescente que ayer dependía de otros, pueda ahora resolver la vida de muchos.

Una investigación reciente de ProPublica, sobre la fábrica dominicana del béisbol, obliga a mirar esa realidad con menos romanticismo. Dicho estudio documentó acuerdos informales con prospectos desde edades muy tempranas (11 años, incluso) y modelos en los que entrenadores pueden recibir entre un 35 % y un 50 % del bono de firma.

Eso no convierte automáticamente a quienes rodean al jugador en aprovechados, porque entrenar, representar, asesorar y acompañar tiene un valor y debe remunerarse, y precisamente por eso importa distinguir entre apoyo, dependencia y conflicto de intereses.

Quizás estamos haciendo una demanda equivocada cuando, después de una firma millonaria, advertimos al joven de que “no se vuelva loco con el dinero”, porque a los 16 años no deberíamos esperar autosuficiencia, deberíamos exigir estructura.

Una asesoría jurídica independiente, educación financiera antes de recibir el bono, personas capaces de explicarles sobre los riesgos y obligaciones de los impuestos, contratos e inversiones, sin beneficiarse de cada decisión. Una familia que pueda conversar sobre ayuda sin convertir al joven en proveedor ilimitado, y por supuesto, adultos suficientemente responsables para ponerles límites, incluso después de que el resto del mundo haya empezado a decirle que sí.

Ante esa situación, también debe ejercerse liderazgo. No como la fantasía de saber resolverlo todo solo, sino con la capacidad de aprender pronto qué decisiones requieren conocimiento que todavía no tienes y elegir bien a quién permites influir en ellas.

El béisbol vuelve este problema especialmente visible, pero no le pertenece en exclusiva. También aparece cuando un creador se hace famoso de repente, cuando un emprendedor vende su primera empresa, o cuando un profesional recibe poder mucho antes de haber aprendido a administrarlo. El éxito temprano puede ampliar las opciones de una persona, pero también puede multiplicar las personas que quieren decidir sobre ellas.

Pregunta de criterio: cuando el éxito llega antes que la experiencia, ¿estamos preparando al joven para decidir mejor o simplemente felicitándolo por haber llegado?

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